
La recepción europea de la obra de Borges habría comenzado en 1961. Encontré hoy este dato. También encontré unos días atrás, en el prólogo de Diferencia y repetición (1968) de Gilles Deleuze un referencia a Borges:
“Habría que llegar a redactar un libro real de la filosofía pasada como si fuese un libro imaginario y fingido. Es bien sabido que Borges descuella en el comentario de libro imaginarios. Pero va más allá cuando considera un libro real, por ejemplo Don Quijote, como si fuera un libro imaginario, reproducido por un autor imaginario, Pierre Ménard, a quien a su vez considera real. Entonces la repetición más exacta, la más estricta, tiene como correlato el máximo de diferencia.”
Deleuze citó a Borges en el cuento Pierre Menard autor del Quijote en 1968, en el prefacio a su libro más estilizado, por llamar así a su tesis doctoral.
Pero esto no queda aquí, ya que un año después, en su libro Lógica del sentido (1969), en la 25ª serie de la univocidad, citará a Borges en un pasaje de El jardín de senderos que se bifurcan, en “...el tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros...”
Dos cuentos de Borges, en dos libros de Deleuze de su filosofía crítica.
Pero Michel Foucault ya había prologado las Palabras y las cosas (1966) mencionando que se inspiró en El idioma analítico de John Wilkins.
Pero fue Jacques Lacan quien mencionó en el Seminario de la carta robada del 26 de abril de 1955, al obispo Wilkins aludiendo al mismo ensayo de Borges. El pie de página en el que mencionó a Borges habría salido en la edición de 1966 de sus Escritos.
De un modo u otro, ocupada en un proyecto no literario, Borges me encuentra desde los rincones más remotos y ajenos a Buenos Aires, en un destiempo que ya tiene mi propia edad.
Elena Bisso
17.09.2011
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